Nuestros activos no buscan un efecto cosmético puntual, sino reequilibrar la fisiología del pelo que ha cambiado con el tiempo, devolviéndole hidratación, cohesión, elasticidad y luz. Porque a partir de los 40, el cuidado capilar también debe evolucionar:
Péptidos biomiméticos: Refuerzan la estructura interna de la fibra, reduciendo la rotura típica del pelo afinado por la bajada de estrógenos.
Proteína de arroz hidrolizada: Aporta cuerpo y densidad visual, mejora la elasticidad y ayuda a recuperar la fuerza perdida.
Aceite de argán: Repone lípidos esenciales, suaviza la cutícula y devuelve brillo al pelo seco y opaco.
Aceite de jojoba: Imita el sebo natural que disminuye con la edad, ayudando a equilibrar hidratación sin apelmazar.
Manteca de karité: Nutre en profundidad, sella la humedad y protege frente a la deshidratación y el calor.
Ácido hialurónico: Aumenta la capacidad de retención de agua en la fibra, devolviendo flexibilidad y tacto sedoso.
Ceramidas vegetales: Reconstruyen la barrera lipídica de la cutícula, reduciendo porosidad y encrespamiento.
Extracto de bambú : Refuerza la fibra y mejora su resistencia mecánica, clave en un pelo más frágil.
Niacinamida: Mejora la microcirculación del cuero cabelludo y la calidad del anclaje del cabello, favoreciendo un crecimiento más fuerte.
Pantenol: Hidrata, engrosa visualmente la fibra y aporta brillo inmediato y duradero.